Un país abierto para todo el mundo que quiera habitar en el suelo argentino.
Mi padre llegó de otro país a la Argentina, como millones de migrantes. Lo recibieron con los brazos abiertos, nadie pregunta tu nacionalidad para acceder a la escuela gratis, para atenderte en un hospital público o para seguir una carrera universitaria sin pagar un arancel. La Constitución Nacional garantiza los derechos a todos los habitantes, no solamente a los nativos.
Sin embargo, algunos creadores de contenido que conocen poco la realidad #argentina han difundido la idea de que Argentina es un país exclusivamente "blanco", donde la población afrodescendiente o #mestiza habría desaparecido por un supuesto exterminio. Con frecuencia utilizan a la selección nacional de #fútbol como una supuesta prueba de esa afirmación. Sin embargo, esa narrativa simplifica en exceso una realidad histórica y demográfica mucho más compleja.
La historia argentina muestra un camino diferente. La Asamblea del Año XIII sancionó la Libertad de Vientres en 1813, iniciando el proceso de abolición de la #esclavitud. Posteriormente, la Constitución Nacional de 1853, en su artículo 15, estableció que "en la Nación Argentina no hay esclavos", prohibiendo definitivamente la esclavitud y declarando libres a quienes ingresaran al territorio nacional. Esta abolición fue anterior a la de países como #EstadosUnidos (1865) y #Brasil (1888). Pero la historia argentina no puede reducirse únicamente a la esclavitud.
Porque si hablamos de derechos civiles, nunca se le impidió votar a nadie por su color de piel, como en otros países. Incluso en Argentina los extranjeros pueden elegir autoridades locales.
El rasgo distintivo del país fue un intenso proceso de #mestizaje entre pueblos indígenas, europeos, #afrodescendientes y, posteriormente, #inmigrantes provenientes de Medio Oriente, Asia y de América Latina. La Argentina moderna se formó como un verdadero crisol mestizo de pueblos, religiones, culturas y orígenes.
Los datos oficiales también desmienten la idea de una sociedad homogénea. Según el Censo Nacional 2022 del INDEC Argentina , 300.000 personas se reconocen afrodescendientes y 1,3 millones se identifican con alguno de los pueblos originarios. Por su parte, la ONU, a través de distintos organismos especializados, reconoce a la Argentina como un país multiétnico y multicultural, cuya población es el resultado de sucesivas corrientes migratorias y del mestizaje desarrollado a lo largo de más de cinco siglos.
Quien recorre Argentina sabe que la realidad cotidiana está muy lejos de los estereotipos difundidos por odiadores en las redes sociales.
Basta con abrir tu billetera y ver los rasgos fisonómicos de la heroína nacional del billete de $10.000, María Remedios del Valle, enfermera, luchadora de la independencia, capitana del Ejército y madre de la Patria.
O salir a caminar y encontrar las innumerables referencias en monumentos, plazas y calles al Sargento Cabral, cobrizo como el bronce que lo inmortaliza. O entrar a rezarle a la Virgencita de Luján y encontrarse con el "negrito" Manuel... y sobra decir que nadie encuentra despectivo, sino cariñoso, cuando en un partido de fútbol en el potrero te felicita tu amigo: "¡qué golazo, negrito!"
Ah! Y para los fans del fútbol: ¡Héctor "Chocolate" Baley se calzó la albiceleste, jugó 2 Copas Mundiales de #FIFA y fue Campeón con la Selección argentina de 1978! 🏆
Somos un crisol de pueblos, religiones y culturas como en ningún otro país, hay personas de piel muy clara, otras de tez morena, mestizas, afrodescendientes, descendientes de pueblos originarios y de innumerables comunidades inmigrantes. Pretender resumir esa diversidad observando la fotografía de un equipo deportivo es desconocer cómo se construyen las poblaciones y cómo funcionan la genética, el mestizaje y las migraciones.
También es importante evitar comparaciones históricas que no se corresponden con los hechos. En la época colonial, el Virreinato tuvo esclavitud, como prácticamente todos los países americanos, pero no desarrolló un sistema de segregación racial institucional comparable al de las leyes Jim Crow en Estados Unidos o al apartheid sudafricano. Eso no significa negar la existencia de episodios de discriminación o racismo, sino reconocer que su evolución histórica fue diferente.
Las redes sociales suelen premiar los mensajes simples y polarizantes. Los algoritmos amplifican las publicaciones que generan indignación, aunque sacrifiquen el rigor histórico. Por eso conviene recurrir a las fuentes oficiales y a la evidencia antes que a los estereotipos.
Quizá la mejor respuesta siga estando en las palabras del Preámbulo de nuestra Constitución Nacional, un proyecto de país abierto a la diversidad:
«"...asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino."»


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