Hoy el problema central que atraviesan la mayoría de las administraciones tributarias de nuestro continente ya no es tecnológico, sino institucional y ético.
La irrupción de la IA obliga a repensar el vínculo entre el Estado y la ciudadanía en un contexto donde las administraciones tributarias se han convertido en grandes agencias basadas en datos.
En este nuevo paradigma, el Fisco ya no es solamente un ente recaudador: administra identidades digitales, procesa enormes volúmenes de información estratégica y participa activamente en la gobernanza económica de los países.
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