La Tríada Moderna y la asimetría de la plataformización
La agenda pública evoluciona de manera continua e ilustra la metamorfosis del Estado y de las tensiones permanentes inherentes al sistema capitalista.
La Cuestión Social y la Tríada Moderna
A fines del siglo XIX, surgió con fuerza una tercera cuestión fundamental instalada en la escena pública: la "cuestión social". Esta aludía a los conflictos por la equitativa distribución del ingreso, la riqueza y las oportunidades, suscitados a raíz de las tensiones y contradicciones sociales generadas por el orden capitalista en formación.
Con el crecimiento económico, se hizo evidente que el "costo del progreso económico" recaía fundamentalmente sobre los sectores populares, agudizando las tensiones sociales. Este descontento generó inestabilidad social que puso en jaque la gobernabilidad.
Para afrontar y resolver los aspectos más críticos de la cuestión social, el Estado asumió nuevas responsabilidades que se cristalizaron en el Estado de Bienestar, con programas enfocados en la reducción de la pobreza, mejores condiciones laborales y extensión de la previsión social y la educación.
De esta manera, la agenda problemática del Estado se concentra en tres grandes cuestiones, que conforman la Tríada Moderna:
- 1. Gobernabilidad (o la cuestión del orden).
- 2. Desarrollo (o el progreso de las fuerzas productivas).
- 3. Equidad (o la cuestión social y la reducción de las desigualdades sociales).
El rol del Estado abarca estos tres planos, ya que "no existe progreso económico duradero sin orden, ni orden estable sin mínima equidad social".
La era de la digitalización y la asimetría de plataformas
En el contexto actual, a pesar de las promesas de un futuro de progreso tecnológico, el desafío de la equidad se ha renovado.
La agenda del Estado se enfrenta a los desafíos de la era exponencial y la cuarta revolución industrial, que plantean problemas complejos (tecnológicos, económicos, jurídicos y políticos) sin que las reglas fundamentales del capitalismo hayan variado.
Aunque los países de la región han intentado pasar de un énfasis en "menor Estado" (Reforma de Primera Generación) a uno en "mejor Estado" (Reforma de Segunda Generación), las relaciones entre gobernabilidad, desarrollo y equidad continúan mostrando profundas tensiones.
El desafío para la agenda estatal en el contexto de la digitalización es que la lógica misma del sistema capitalista tiende a generar desigualdad creciente.
Las innovaciones tecnológicas y el auge de las plataformas, aunque aumentan la eficiencia de la gestión pública, no resuelven el problema de la distribución del ingreso y la riqueza.
La cuestión social original, que surgió por las contradicciones de la formación del capitalismo, se actualiza hoy en la forma de asimetrías y exclusión generadas por el nuevo modelo económico.
Resolver estas tensiones es crucial, ya que un desarrollo económico desigual puede generar menor gobernabilidad y pone de manifiesto que el Estado, pese a los interregnos donde el mercado intentó sustituirlo, sigue siendo el articulador fundamental de las relaciones socioeconómicas en América Latina.
El Estado debe ahora enfrentar los desafíos de una era exponencial que, a pesar de las promesas de bienestar, "oculta graves amenazas para el bienestar de la sociedad humana".

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