Gobernabilidad, desarrollo y equidad en Latinoamérica
Gobernabilidad como condición
La agenda pública en América Latina se articula alrededor de un núcleo problemático central que se condensa en la tensión constante entre gobernabilidad, desarrollo y equidad.
La complejidad del rol del Estado radica en su función como principal instancia de articulación social, intentando resolver las demandas y las contradicciones internas inherentes a su modelo de organización.
La gobernabilidad como pacto de dominación y condición esencial
La gobernabilidad se entiende como el pacto de dominación que fija las reglas de juego fundamentales que gobiernan las relaciones entre la sociedad y el Estado.
Este pacto busca asegurar un contexto que facilite la convivencia, regule el conflicto y establezca condiciones propicias para la vigencia de un orden social cuya continuidad se ve amenazada por las tensiones y antagonismos que genera el propio sistema.
La gobernabilidad no es solamente un objetivo, sino una condición esencial. Históricamente, la cuestión del "orden" fue vista como la condición necesaria para el "progreso".
En la tríada moderna (Gobernabilidad, Desarrollo y Equidad), el papel del Estado abarca estos tres planos, ya que no existe progreso económico duradero sin orden, ni orden estable sin una mínima equidad social.
Esta interrelación de mutua determinación es tan compleja que la literatura académica se ha centrado en investigar las relaciones entre estas variables, a menudo en pares, para comprender los efectos que produce su respectiva congruencia o contradicción respecto del modelo de organización social deseable.
Interdependencia y regulación del sistema capitalista
Las tres cuestiones (gobernabilidad, desarrollo y equidad) mantienen una compleja interrelación de mutua determinación.
La necesidad de asegurar condiciones estables de gobernabilidad requiere que el Estado actúe sobre los otros dos planos de la relación entre Estado y ciudadanía:
- 1. Desarrollo económico (Sistema económico): El Estado debe asegurar reglas de funcionamiento de mercado mediante una sana competencia. Esto se relaciona con la creación de un "orden" que genere un contexto propicio a la actividad económica propia de un sistema capitalista, viabilizando su funcionamiento "técnico".
- 2. Equidad distributiva (Esquema de distribución): El Estado debe actuar por medio de políticas que promuevan la equidad, garantizando grados aceptables de equidad social en la asignación de los costos y beneficios del desarrollo. La necesidad de estabilidad exige interponer límites negativos a las consecuencias socialmente destructivas del patrón de reproducción capitalista.
Cuando se considera el modelo de organización social deseable como el "capitalismo social y democrático", esta interdependencia se manifiesta en la jerarquía conceptual.
El "capitalismo" funge como el "sustantivo" que define el modo de desarrollo, mientras que lo "social" (equidad distributiva) y lo "democrático" (gobernabilidad) son los "adjetivos" que buscan enmarcar y moderar su funcionamiento.
Existe evidencia que sugiere un círculo virtuoso potencial: mayor gobernabilidad (entendida como calidad institucional) puede generar mayor desarrollo, lo cual produce menor desigualdad, lo que a su vez se traduce en mayor gobernabilidad. Asimismo, la menor desigualdad reduce la inestabilidad política (un elemento de la gobernabilidad), lo que lleva a mejorar el crecimiento al crear un clima que estimula la inversión.
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