¿Desarrollo o equidad?
La agenda pública en las sociedades capitalistas se encuentra permanentemente definida por la necesidad de equilibrar tres cuestiones centrales: la gobernabilidad, el desarrollo y la equidad.
Este tríptico, sin embargo, no opera en armonía, sino que su mutuo despliegue genera una tensión permanente en el modelo de organización social. En el núcleo de esta tensión reside el conflicto entre el crecimiento económico y la distribución justa de sus beneficios.
La desigualdad creciente: Un rasgo estructural del capitalismo
La tensión entre desarrollo y equidad no es meramente coyuntural, sino estructural al sistema.
La lógica misma de funcionamiento del sistema capitalista, tal como la postulan algunos teóricos anticapitalistas, tiende a generar una desigualdad creciente. El desarrollo del capitalismo se funda en reglas y condiciones que deben viabilizar su funcionamiento "técnico".
Cuando el capitalismo opera librado a su propia dinámica, tiende a agravar las condiciones de precarización y vulnerabilidad de extensos sectores pauperizados, resultando en una desigualdad en el ingreso. Históricamente, el crecimiento económico se ha producido a costa de agudizar las tensiones sociales.
La cuestión social: Respuesta histórica a las contradicciones capitalistas
La cuestión social, o la equidad distributiva en términos más actuales, se instaló firmemente en la escena pública a fines del siglo pasado. Esta surgió como respuesta directa a los conflictos alrededor de la equitativa distribución del ingreso, la riqueza y las oportunidades, suscitados a raíz de las tensiones y contradicciones sociales generadas por el orden capitalista en formación.
El Estado asumió nuevas responsabilidades para afrontar y resolver los aspectos más críticos de esta cuestión social, reconociendo que el "costo del progreso económico" recaía fundamentalmente sobre los sectores populares. El descontento popular generado por expectativas frustradas de mejoramiento social y económico provocó inestabilidad social, que puso en jaque la gobernabilidad de los países.
El trade-off entre desarrollo y gobernabilidad, por un lado, y equidad distributiva, por el otro.
El análisis empírico y teórico sobre las complejas relaciones entre gobernabilidad, desarrollo y equidad (G-D-E) a menudo sugiere la existencia de un trade-off (o un compromiso difícil de conciliar) entre la acumulación de capital (desarrollo) y la equidad.
En el contexto latinoamericano, los países de la región enfrentan una situación "alarmante por su bajo nivel relativo en términos de equidad distributiva", lo que subraya la existencia de un trade-off donde se ha priorizado el desarrollo y la gobernabilidad en detrimento de la equidad.
Esta situación ejemplifica cómo el Estado podría haber priorizado el nivel de desarrollo a expensas de la igualdad, poniendo de manifiesto la existencia de tensiones potenciales sobre la agenda pública.
Algunos países de la región exhiben un desbalance con mejores niveles de desarrollo y gobernabilidad comparados con el promedio regional, pero valores reducidos en términos de equidad.
Los países que lideran el ranking regional en términos de desarrollo (por ejemplo, en el Índice de Desarrollo Humano) y, a menudo, en gobernabilidad comparados con el promedio latinoamericano, sin embargo, ven empañado su desempeño por valores que indican una decreciente equidad (coeficiente de Gini), revelando que la alta desigualdad es una característica histórica y estructural en la región.
El desafío de la sostenibilidad
La experiencia de estos países subraya una lección crucial para toda América Latina: el desarrollo económico sin equidad es un desarrollo incompleto y socialmente insostenible. La coexistencia de altos indicadores de progreso con una gran desigualdad genera desconfianza en las instituciones y limita la capacidad de los Estados para avanzar en otros frentes.
La región se encuentra, en palabras de algunos análisis, "atrapada" en un círculo vicioso de alta desigualdad y bajo crecimiento donde el problema de la equidad no es solo un asunto ético, sino un obstáculo directo para el progreso y la estabilidad democrática. El reto de la agenda pública ya no es solamente crecer, sino crecer de manera justa e inclusiva.
🤔 Pregunta para la reflexión: Si los países más "desarrollados" y "gobernables" de la región no logran resolver la desigualdad, ¿qué debe cambiar en la fórmula de políticas públicas latinoamericanas?
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