Capitalismo digital y democracia

Capitalismo digital y democracia

El debate contemporáneo sobre el papel del Estado y su reforma se desarrolla en el marco de las profundas transformaciones observadas en las relaciones entre los estados y sus sociedades nacionales. 

No obstante, el sistema fundamental que rige la producción y organización social se mantiene: el capitalismo como marco. 

Las teorías sobre el Estado han buscado constantemente develar su esencia, su poder y, sobre todo, su papel en el desarrollo de las sociedades capitalistas contemporáneas.


Las Reglas Fundamentales

A pesar de transformaciones radicales que incluyen fenómenos como la desregulación, la apertura de mercados, la privatización y la descentralización administrativa, y aun con la irrupción de la tecnología digital y la era exponencial, las reglas fundamentales que rigen los vínculos entre el Estado y la sociedad no han variado.

La hipótesis central es que las reglas fundantes en que se basan las relaciones Estado-sociedad son las mismas en que se funda el sistema capitalista como modo de organización social. Lo que probablemente ha cambiado son algunos de los actores, sus estrategias y los resultados del juego mismo.

El Estado, concebido como la principal instancia de articulación de las relaciones sociales, tiene como función primordial garantizar la vigencia y reproducción del orden capitalista. Las políticas estatales y la acción burocrática están orientadas, en última instancia, a preservar el capitalismo como sistema. Esta lógica profunda obedece a la necesidad de asegurar la reproducción de los pactos constitutivos que sostienen a una sociedad capitalista.

La propia agenda estatal se ha articulado históricamente en torno a la necesidad de sostener las condiciones de funcionamiento y reproducción de este sistema. Incluso ante el auge de la digitalización, donde la tecnología multiplica las formas de interacción, la lógica subyacente del sistema capitalista, como patrón dominante de organización social, sobrepasa la capacidad de control individual de un Estado nacional determinado.


El capitalismo democrático

Frente a la crisis y el fracaso de la mano invisible del mercado para resolver los problemas sociales, ciertos sectores, a veces referidos como de tendencia socialdemócrata, han propuesto un modelo de sociedad que se sintetiza en la fórmula del "capitalismo social y democrático".

Esta propuesta implica que la sociedad no renuncia al carácter capitalista del modo dominante de organización social. Sin embargo, se postula que es necesario asegurar que el funcionamiento de ese capitalismo se enmarque en reglas de juego de la democracia y se oriente hacia un desarrollo humano más pleno y equitativo.


Jerarquía de valores

La estructura de esta formulación no es trivial, sino que refleja una jerarquía de prioridades dentro del marco capitalista.

En la fórmula "capitalismo social y democrático":

  • • El "capitalismo" funge como el "sustantivo". Define el modo de desarrollo de la sociedad. Como modo de organización social, el capitalismo presupone la vigencia de reglas y condiciones que viabilicen su funcionamiento "técnico" e impidan su eventual desestabilización.
  • • Lo "social" y "democrático" son los "adjetivos". Estos buscan enmarcar su funcionamiento y agregar valores deseables.
    •     ◦ "Social" implica un modo de redistribución equitativa del excedente económico, abordando los costos sociales que genera el sistema capitalista librado a su propia dinámica.
    •     ◦ "Democrático" refleja un modo de gobernabilidad, relacionado con la vigencia de mecanismos de representación y participación ciudadana.


Por lo tanto, mientras el capitalismo establece la base del sistema, lo "social" (equidad distributiva) y lo "democrático" (gobernabilidad) son los componentes que buscan moderar las consecuencias potencialmente disruptivas del sistema y asegurar condiciones estables de convivencia.


Prosperidad compartida

La visión de un "capitalismo social y democrático" demuestra que, a pesar de los cambios tecnológicos y las olas reformistas que han buscado minimizar o transformar el Estado, el sistema de producción capitalista sigue siendo el sustantivo inmutable que define la organización social. 

El rol del Estado en este marco se convierte en el intento de equilibrar las tensiones inherentes entre el desarrollo capitalista y la necesidad política de asegurar la equidad y la gobernabilidad, un desafío que la propia lógica del sistema sigue generando.

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