¿Abandono o transformación?: de la industria al ensamblaje

¿Abandono o transformación?: de la industria al ensamblaje

El abandono de las políticas desarrollistas de industrialización por sustitución de importaciones a mediados de los años setenta no significó una ausencia de políticas industriales, sino una transformación hacia un nuevo modelo económico basado en la apertura y la financiarización.

En ese contexto, las políticas de promoción industrial pasaron a ser herramientas clave para la reestructuración y relocalización fabril, como se observa en el caso de Tierra del Fuego.

Las políticas desarrollistas, particularmente la estrategia de industrialización por sustitución de importaciones (ISI), fueron el eje central del crecimiento y la creación de empleo en Argentina después de la crisis de 1930 y hasta mediados de los años setenta. 

Esta estrategia macroeconómica se basaba en la protección del mercado interno y un amplio apoyo estatal a la manufactura, incluyendo licitaciones y compras públicas subsidiadas, energía económica de empresas estatales y créditos bancarios con tasas de interés negativas. Dentro de este marco general, las leyes explícitas de promoción industrial antes de mediados de los años 70 se consideraban "microestrategias" y tenían una importancia marginal en comparación con la estrategia macro de la ISI.

El abandono de estas políticas desarrollistas de industrialización por sustitución de importaciones se interrumpió hacia mediados de los años setenta y encontró su punto de ruptura definitivo en las políticas aplicadas a partir de 1976. Este período marcó un cambio radical en el funcionamiento de la economía y el comportamiento de los principales agentes económicos.

Los antecedentes y características de este abandono y la transición fueron los siguientes:

Apertura económica acelerada y desregulación: A partir de 1976, se implementó una apertura económica acelerada. Esto implicó un recorte drástico del nivel de protección para la mayoría de las ramas manufactureras, especialmente las menos oligopolizadas, mediante la reducción de tarifas y la devaluación de la moneda. Simultáneamente, se desreguló el mercado financiero.

Desplazamiento de la actividad industrial: La valorización e internacionalización financiera del capital desplazó a la producción industrial como la actividad ordenadora y de mayor tasa de retorno de la economía.

Deterioro de la inversión y pasividad tecnológica: En este nuevo patrón, la inversión se contrajo sistemáticamente, el producto industrial y el mercado interno disminuyeron. Hubo una reducción continua de la inversión. Esto llevó a una inserción internacional de la economía más pasiva desde el punto de vista del progreso técnico y el comercio. También se produjo el abandono de las políticas industriales específicamente orientadas al Complejo Electrónico (CE).

Transformación del rol del Estado: La reestructuración del Estado a partir de 1976 orientó los recursos hacia "invernaderos" económicos y creó mecanismos complejos para la estatización de la deuda externa privada, pero incapaz de diseñar políticas científicas, tecnológicas o industriales de manera coherente.

Comportamiento "rentístico" de los grandes grupos económicos: Creció aceleradamente un segmento empresarial de grandes grupos económicos de capital interno, altamente diversificados. Estos grupos mostraron una fuerte aversión al riesgo y a la inversión productiva, enfocándose en la búsqueda de subvenciones que sustituyeran el aporte de capital propio y la obtención de financiamiento. Su estrategia industrial se orientó a la expansión en ramas dinámicas a escala mundial en los años sesenta o en actividades ligadas a ventajas comparativas "naturales", operando como importadores de sistemas y bienes o ubicándose en las etapas de armado final, con insumos y tecnología provistos desde el exterior por empresas transnacionales (ET). Su participación en el régimen de promoción industrial consistió principalmente en obtener contratos estatales que aseguraran un retorno a corto plazo, sin comprometer una estrategia industrial o tecnológica a mediano plazo.

Reestructuración fabril por relocalización: A pesar de la percepción de un abandono total del apoyo industrial, los regímenes de promoción industrial iniciados desde mediados de la década de 1970 constituyeron una estrategia de reestructuración fabril por medio de la relocalización. Esta interpretación contradice la idea generalizada de que el sector industrial fue "dejado a la deriva" después del abandono de la ISI.

Un ejemplo destacado de estas políticas de reestructuración es el Régimen de Promoción de Tierra del Fuego, establecido por la Ley n.º 19640 en 1972. Este régimen, aunque creado en los inicios del quiebre con la ISI, se convirtió en una de las políticas de desarrollo regional más longevas y relevantes de Argentina. 

Sin embargo, su diseño actual ha generado una estructura productiva altamente dependiente, con escasa agregación de valor local y alta dependencia de insumos importados, limitándose a menudo al ensamblaje de kits importados. Esto plantea un problema de diseño, ya que los incentivos fiscales y aduaneros premian la facturación total de las empresas en lugar del valor agregado genuino que generan.


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EL DILEMA DEL FIN DEL MUNDO: “EXENCIONES TRIBUTARIAS, IMPACTO FISCAL, GEOPOLÍTICA Y BÚSQUEDA DE UNA NUEVA MATRIZ PRODUCTIVA”: https://www.economicas.uba.ar/extension/wp-content/uploads/006-CEAT-RGC-TDF.pdf

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