El modelo de "universalismo estratificado" describe la trayectoria de Uruguay, Argentina y Chile, caracterizada por un desarrollo temprano de la seguridad social que alcanzó una alta cobertura pero de forma estratificada debido a factores históricos y políticos.
Las reformas posteriores buscaron, con diverso éxito, reducir esta estratificación, pero los desafíos persisten en el contexto de su desarrollo socioeconómico.
Uruguay, Argentina y Chile tuvieron un desarrollo temprano de sus sistemas de seguridad social, siendo considerados países pioneros en este ámbito.
Según Mesa-Lago y Bertranou (1998), estos países comenzaron a proteger a los grupos ocupacionales más organizados a principios del siglo XX, expandiendo gradualmente la cobertura a sectores más amplios.
Esta alta cobertura de su población se logró con altos grados de desmercantilización, lo que implica una menor dependencia del mercado para la provisión de bienestar social.
Pero como consecuencia de dicho camino tortuoso y gradual, se aprecia una fuerte estratificación de beneficios y condiciones de acceso.
Esta estratificación fue resultado de la expansión gradual y fragmentada de la cobertura, a través de la creación de regímenes separados para distintos grupos ocupacionales sin una coordinación inicial.
Mesa-Lago (1977) plantea que esta estratificación reflejaba la estratificación global de la estructura socioeconómica.
Argentina experimentó esta diferenciación en cuanto a requisitos, aportes y beneficios en los orígenes de su sistema.
El "universalismo estratificado" en estos países surgió en el marco del modelo de industrialización sustitutiva de importaciones (ISI).
Los orígenes y la expansión de la seguridad social fueron, en gran medida, una respuesta del Estado a las presiones de los grupos de trabajadores organizados con una posición estratégica en el sistema productivo.
A lo largo de su historia, estos países, pioneros en la región, experimentaron reformas en sus sistemas de seguridad social. En Argentina, la creación de la ANSES y la transferencia de una parte de la Cajas Provinciales de Previsión Social a la órbita nacional unificó una porción significativa de los regímenes de jubilación de reparto vigentes entre 1991 y 1993. Sin embargo, la armonización con las restantes cajas jubilatorias no ha podido completarse en más de 30 años.
A pesar de alcanzar una alta cobertura, la estratificación histórica dejó legados de inequidad y fragmentación en estos sistemas y plantean desafíos relacionados con déficits financieros y problemas de sostenibilidad.
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