La Paradoja de la Legitimidad

La paradoja de la legitimidad

La democracia moderna, lejos de reducirse a una mera "democracia de autorización" sustentada en elecciones periódicas, exige también una "democracia de ejercicio" capaz de sostener vínculos de confianza, representación efectiva y reconocimiento entre gobernantes y ciudadanos. 

Este segundo componente es crucial para la sostenibilidad democrática, y su ausencia puede conducir a una profunda crisis de legitimidad y gobernabilidad.

El panorama político en América Latina en la "era de los descontentos" se caracteriza por la volatilidad y el auge de extremismos que, si bien llegan al poder por medios democráticos, a menudo no creen en la democracia y erosionan sus fundamentos una vez instalados. 

La asunción a la presidencia mediante elecciones les confiere una legitimidad de origen incuestionable. 

Sin embargo, la radicalidad de sus decisiones y la naturaleza de sus programas rápidamente ponen en cuestión su legitimidad de ejercicio. 

Estos experimentos combinan dogmatismo económico, afinidad con ideas extremas y un estilo de gobierno que se sostiene en la desinformación y la captura del Estado por intereses financieros privados.


El declive de las funciones clásicas de las elecciones

El politólogo Pierre Rosanvallon (2017) ha señalado que el desencanto democrático contemporáneo se debe, en gran medida, al declive del desempeño democrático de las elecciones. 

Las elecciones han perdido progresivamente la capacidad de cumplir con sus cinco funciones esenciales históricamente atribuidas:

  • 1.  Representar los intereses y problemas de los diversos grupos sociales.
  • 2.  Legitimar a las instituciones políticas y a los gobiernos.
  • 3.  Controlar a los representantes mediante la presión de la reelección.
  • 4.  Producir ciudadanía, al materializar el principio de igualdad política.
  • 5.  Animar la deliberación pública.


En los modelos de gobierno que surgen en los últimos tiempos, estas funciones se ven severamente erosionadas:

  • + Función representativa: La narrativa de la "casta" reduce el debate a un antagonismo simplista entre un "pueblo virtuoso" y una "élite corrupta". Sin embargo, lejos de ampliar la representación de sectores tradicionalmente marginados, en la práctica se privilegia a actores financieros y empresariales, reforzando un sesgo elitista. Esta situación se agrava con la concentración de poder, la falta de controles y la baja transparencia en la gestión de beneficios fiscales, que tienden a concentrarse en pocos actores.
  • + Función de legitimación: Aunque el triunfo electoral otorga una legitimidad de origen, la legitimidad de ejercicio se ve debilitada por medidas que contradicen las expectativas de gran parte del electorado, como las denuncias de corrupción y la represión de la protesta. La "paradoja de la democracia" se manifiesta cuando la gente valora la democracia como ideal, pero percibe que los sistemas actuales no funcionan y que no cumplen con las promesas hechas a la ciudadanía.
  • + Función de control: La ausencia de partidos sólidos y el personalismo exacerbado del gobernante debilitan los mecanismos de accountability. La figura del presidente que se presenta como un outsider dispuesto a "dinamitar el sistema" diluye la presión de la reelección. Los extremismos suelen rechazar las organizaciones intermediarias como parlamentos y partidos, favoreciendo un modelo de democracia con un fuerte poder ejecutivo.
  • + Producción de ciudadanía: Esta función se ve afectada cuando las condiciones materiales de existencia de millones de ciudadanos empeoran, limitando su capacidad de ejercer derechos cívicos y sociales. Las políticas de ajuste, la reducción del gasto social y la desregulación económica impactan de manera desigual, ampliando las brechas entre ricos y pobres y socavando el ideal de una "sociedad de iguales".
  • + Animación de la deliberación pública: La esfera pública se empobrece, dominada por insultos, descalificaciones y discursos de odio que reemplazan el debate de ideas. La proliferación de estos discursos en la esfera digital amplifica y radicaliza las tensiones sociales, dificultando la deliberación democrática.


Presidencialismo exacerbado y la ficción mayoritaria

Uno de los puntos centrales que contribuyen a este desgaste es la "presidencialización" de las democracias contemporáneas. 

En sistemas donde la figura del jefe de Estado se convierte en el centro de la vida política, la representación se distorsiona porque una sola persona no puede encarnar la pluralidad social. 

Este mecanismo de representación cesarista, que Rosanvallon vincula con regímenes autoritarios, se basa en la figura del "hombre-pueblo".

La ficción mayoritaria se materializa al identificar el porcentaje de votos obtenidos en las elecciones con una supuesta legitimidad para gobernar sin contrapesos, ignorando la pluralidad, diversidad y conflictividad de la sociedad. 

Esta noción de un "pueblo homogéneo" se convierte en un recurso retórico que encubre la exclusión de minorías y la invisibilización de demandas sociales heterogéneas. 

El gobierno no logra consolidar un vínculo de reconocimiento con amplios sectores de la ciudadanía, sino que refuerza la desconfianza y el resentimiento, lo que se traduce en una crisis de legitimidad que amenaza la estabilidad institucional.

En última instancia, el declive del desempeño democrático de las elecciones y la erosión de la legitimidad de ejercicio en este modelo ponen en riesgo los fundamentos mismos de la democracia. 

La defensa de la democracia requiere una reflexión crítica y una acción institucional que permita recuperar el horizonte democrático perdido, revitalizando instituciones intermedias, fortaleciendo el Congreso y ampliando la participación ciudadana.

#Argentina #Futuro #DesarrolloSostenible #Innovación #Estrategia

Puedes encontrar otras publicaciones sobre el tema en: https://trabajodecenteinclusionsocial.blogspot.com

Comentarios